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Entre escribir y amar

ver las estrellas

Un cierto día, discutí (mal) con quien era mi novia; durante dos días me sentía aún con bronca y por ende no la extrañaba, pero la furia a alguien que al menos queres, siempre se pasa con el tiempo, al tercer día desperté y era sábado, pero no cualquier sábado, sino el sábado de su cumpleaños, en la caja de mis lentes estaba el dinero que había ahorrado para gastarlo en ese sábado, me sentí frustrado, un idiota incapaz de ver la realidad, seguramente todos lo sabían, claro menos yo, fui el último en enterarme, tomé cautelosamente la caja y la tiré en contra de la pared, me llenaba de a poco de una sensación amarga que pronto nubló mis ojos y corrió por mis mejillas.
Adopté como filosofía intentar olvidarla, pero como hacerlo, trataba de llenar mi mente con cosas en las que ella estaba detrás siempre, luego de cada intento fallido por olvidarla acababa llorando, las lágrimas eran ya normales para mi rostro; eran más normales que comer o ver un atardecer, 4 kilos de menos en 15 días.
Era domingo, el atardecer me tomó por sorpresa mientras volvía a casa (aclaro que vivo en el campo) me detuve a observarlo con una foto de ella entre mis dedos y lágrimas en mis ojos, el sol se ocultó, continué llorando mientras la oscuridad me rodeaba lentamente, quise distraerme buscando la estrella mas brillante y no podía verlas nítidamente debido a las lágrimas. (Hasta acá es mi historia).
“Llorar porque se oculta el sol puede no dejarte ver las estrellas” (anónimo).

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