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Entre escribir y amar

Si quieres ser dueño del viento, solo abre tus brazos, si intentas cerrarlos para retenerlo, solo lograras hacerte reparo y no lo sentirás.
Si quieres oír la felicidad de un pájaro cuando canta, solo déjale algo de comer cerca de tu puerta y no lo encierres, solo lograrás que llore.
Si quieres que alguien este a tu lado solo dale lo mejor de ti, no intentes encadenarlo en tu cuerpo, ni bien pueda se irá.
La verdad es que a esto lo oí recién ayer y la verdad es que ya he perdido lo único que no quería perder.
El miércoles ella se fue, miró cada detalle de mi cuerpo dibujado por la sábana, secó una lágrima que quedaba en sus mejillas cansadas de verlas correr, mis manos estaban desesperadas por recorrer su espalda, por tocar su cuello aunque fuese la última vez, mis ojos casi cerrados se llenaron de su despedida silenciosa, mi alma se lleno de reproches creados por una ideología que llegó demasiado tarde a mi vida, mi boca se sintió vacía de palabras y con algo de amargura bajo la lengua.
Se vistió, tenia escondida en el living una maleta, salió del apartado, caminé hasta el balcón para verle una vez más, salió del edificio, se colocó lentes oscuros (inútiles porque aún no había salido el sol, o quizás la luna le reclamaría algo), hubiese querido que mirara hacia donde estaba yo, pero fui demasiado cruel con ella como para pretenderlo, se perdió lentamente en la humedad de la noche, solo quedó una estrecha calle vacía, pero que comenzó a llenarse de a poco…
Me espera un mundo sin nada, un principio sin tierra, un lago para llenar de lágrimas, un horizonte con pájaros que se despiden sin decir donde van, un sol que ya no quiere alumbrarme, una luna que está solo para verme sufrir, un cenicero donde ya no queda lugar y una imagen, su cuerpo desnudo envuelto con la misma sábana que cubría el mío…

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