Princesa de ángeles
Las nubes dibujan un pronostico húmedo en el cielo, no es difícil al menos para mi no llorar en noches como esta, y más aún cuando estoy solo, suele comenzar la melancolía de la misma manera que ahora, asomado en un balcón que me invita a acabar con un mundo poco agradable para mi gusto, suelen comenzar con un cigarro que se acaba, con el último cigarro de un atado que se acabó precozmente, con un vaso de vodka apoyado en la baranda del palco, con una luna oculta entre las nubes que avanzan sin compasión, con el olor a un incienso que me recuerda que estoy solo, porque solía encenderlos únicamente cuando la princesa regresaba, pero ahora para que guardarlos, si sus regresos son solo en sueños que parecen reales en los cuales no se gasta el incienso pero igualmente se huele; un compacto gastado ya de girar, un cuadro que me reclama al pintor, ese que antes solía interpretar cuando la musa dormía entre las sábanas perfumadas con su olor a mujer y mi sudor. Suele aflorar la melancolía que me lleva a las lágrimas en noches como esta cuando recuerdo a la princesa, cuando mis manos acarician su cuerpo alejado, cuando a los besos los recibe el viento y los llevará quizás al cielo, suele caérseme una lágrima cuando la angustia cabe en una cajita de terciopelo con un anillo que nunca abrí cuando ella estaba, ahora cuando la abro se me retuercen las venas y suele caérseme una lagrima en noches como esta, me declaro convicto de sus ojos en noches como esta en las que ya es demasiado tarde para comprar cigarros, en las que el desvelo es inevitable, en las que el suplicio de la soledad es una agonía profunda que solo el alcohol puede calmar. Noches como esta suelen ser pocas, noches en que los ángeles no salen porque lloverá, noches en que los ladrones de rosas hacen estragos en los jardines cercanos a bares donde alguien los espera, noches donde se desnudan almas y guitarras para cantar sus penas, en las que se alargan las calles para quienes regresan de ver la luz del balcón de su amor, noches en las que el aire está tan limpio de palabras, en las que los suspiros se escapan de las ventanas, en las que labios rojos con sabor a nada son el destino de muchos hombres abandonados, noches en que muchas amigas dejan de ser amigas para ser poseídas, noches en que los ángeles no salen porque lloverá y entonces para que esperarte.